domingo, 1 de marzo de 2009

Aguer: “La gente sencilla decía: ¡QUARRACINO TIENE RAZÓN!”

En su reflexión semanal en el programa “Claves para un Mundo Mejor” (AMERICA TV), Mons. Héctor Aguer, Arzobispo de La Plata, recordó al Cardenal Antonio Quarracino, al cumplirse este 28 de febrero, once años de su fallecimiento.

En el programa se recordó además que el purpurado, que durante muchos años fue columnista de este programa , fue un precurso internacional del diálogo judeo-católico emitiendo imágenes y testimonios de su visita a Tierra Santa que lo convirtió el primer Cardenal Primado que como tal visitó la tierra de Jesús.

El Arzobispo de La Plata mencionó algunas de las destacadas labores eclesiales del Cardenal Quarracino y que pudo conocerlo bien por haber sido Obispo Auxiliar del purpurado fallecido. “La personalidad del Cardenal Quarracino,  que pudimos apreciar quienes hemos vivido cerca de él, quienes hemos sido sus colaboradores, pudimos apreciar su inteligencia, su vasta cultura, su amplísima experiencia eclesial, pero sobre todo hemos reconocido en él a un hombre bueno, generoso, magnánimo. Hemos gozado de su llaneza, de su cordialidad y de su buen humor”.

“El Cardenal Quarracino molestó a muchos nuevos sofistas pero cosechó la aprobación, el aplauso y la sonrisa de la gente sencilla, del argentino común, de aquellos cuya opinión certera no suele caber en las encuestas. Ellos decían: "¡Quarracino tiene razón!”, afirmó.

Mons. Héctor Aguer quiso hizo referencia a “dos aspectos fundamentales de la acción pastoral del Cardenal Quarracino”. En primer lugar “algo que puede parecer más externo y fugaz que es la fuerte presencia del Cardenal Quarracino en los medios de comunicación. Él durante varios años comenzó y ocupó esta columna semanal que yo, muy impar en méritos, ahora tengo para comunicarme con ustedes”.

Valoró que mientras “hoy se teoriza mucho sobre el uso de estos fabulosos y prodigiosos instrumentos pero no es fácil ejercitarse en su manejo: acechan muchos riesgos y no cualquiera se atreve, literalmente hablando, a "dar la cara". ¡Pero Quarracino se atrevió! ¡Y lo hizo muy bien! Lo hizo con un lenguaje directo, accesible, popular, desgranando las verdades de nuestra fe y sus consecuencias para la vida pastoral y social del país y del mundo”.

El prelado platense también señaló que “algunas veces, y no sólo a causa de la agudeza de su estilo, produjo enfado y fastidio a ciertos manipuladores de la opinión, a quienes haciendo valer el poderío exorbitante del micrófono o la página impresa imponen la dictadura de cierta unanimidad ficticia de criterios”.

Mons. Héctor Aguer dijo además que “el Cardenal Quarracino suscitó y acompañó con su interés y su apoyo el diálogo arduo, apasionante, sobre los grandes problemas del mundo contemporáneo y alentó todas las iniciativas que permitieran concretar ese diálogo. Esta dimensión de su ministerio brotaba espontáneamente de su personalidad, de su espíritu argentino y católico”.


A continuación, el texto completo de la alocución televisiva de Mons. Héctor Aguer:

“El 28 de febrero se cumplen once años de la muerte del Cardenal Antonio Quarracino. Fue obispo de Nueve de Julio en 1962, luego obispo de Avellaneda, Arzobispo de La Plata y finalmente Arzobispo de Buenos Aires. Fue también en su momento presidente del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano) y de la Conferencia Episcopal Argentina durante dos períodos consecutivos”.

“Decía en esa oportunidad que en la personalidad del Cardenal Quarracino,  que pudimos apreciar quienes hemos vivido cerca de él, quienes hemos sido sus colaboradores, pudimos apreciar su inteligencia, su vasta cultura, su amplísima experiencia eclesial, pero sobre todo hemos reconocido en él a un hombre bueno, generoso, magnánimo. Hemos gozado de su llaneza, de su cordialidad y de su buen humor”.

“En esa ocasión hacía referencia a dos aspectos fundamentales de la acción pastoral del Cardenal Quarracino que van más allá de lo que parece debiera ser ordinario en la tarea del obispo. En primer lugar, algo que puede parecer más externo y fugaz que es la fuerte presencia del Cardenal Quarracino en los medios de comunicación. De hecho, él durante varios años comenzó y ocupó esta columna semanal que yo, muy impar en méritos, ahora tengo para comunicarme con ustedes”.

“Hoy se teoriza mucho sobre el uso de estos fabulosos y prodigiosos instrumentos pero no es fácil ejercitarse en su manejo: acechan muchos riesgos y no cualquiera se atreve, literalmente hablando, a "dar la cara". ¡Pero Quarracino se atrevió! ¡Y lo hizo muy bien! Lo hizo con un lenguaje directo, accesible, popular, desgranando las verdades de nuestra fe y sus consecuencias para la vida pastoral y social del país y del mundo”.

“Algunas veces, y no sólo a causa de la agudeza de su estilo, produjo enfado y fastidio a ciertos manipuladores de la opinión, a quienes haciendo valer el poderío exorbitante del micrófono o la página impresa imponen la dictadura de cierta unanimidad ficticia de criterios”.

“El Cardenal Quarracino molestó a muchos nuevos sofistas pero cosechó la aprobación, el aplauso y la sonrisa de la gente sencilla, del argentino común, de aquellos cuya opinión certera no suele caber en las encuestas. Ellos decían: "¡Quarracino tiene razón!”.

“Pero este empeño no le impidió preocuparse por las manifestaciones mas elevadas de la cultura. Fue un hombre de sólida formación, de muchas y buenas lecturas, que comprendió que la Iglesia, los cristianos, no podemos estar ausentes de aquellos ámbitos en los que se gestan los cambios de las costumbres, de la mentalidad de los pueblos, donde para su bien o para su mal se decide su suerte”.

“Sabiendo que la fe no arraiga plenamente si no se hace cultura, el Cardenal Quarracino suscitó y acompañó con su interés y su apoyo el diálogo arduo, apasionante, sobre los grandes problemas del mundo contemporáneo y alentó todas las iniciativas que permitieran concretar ese diálogo”.

“Esta dimensión de su ministerio brotaba espontáneamente de su personalidad, de su espíritu argentino y católico, que hundía sus raíces -a pesar de haber nacido en otras playas, en la italiana ciudad de Salerno- en nuestra rica y azarosa tradición nacional. Por eso también yo he querido brindarle al cardenal Antonio Quarracino este homenaje porque aun cuando pase el tiempo es bueno recordar a aquellos grandes hombres que dieron su vida por la Iglesia y por la patria. Hasta el próximo sábado Dios mediante”.

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